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lunes, junio 05, 2017

LA ALAMEDA DE LA DISCORDIA


Hace precisamente un año, en junio de 2016, el gobierno municipal de Querétaro, encabezado por el alcalde Marcos Aguilar Vega, desalojó de manera unilateral y sin mediar negociación ni aviso de por medio, a los comerciantes ambulantes que se encontraban ubicados a las afueras de la puerta principal de la Alameda Hidalgo.
Como todo un acto delincuencial, las autoridades esperaron la llegada de la madrugada para actuar sin testigos ni resistencia de los comerciantes que ya para entonces, se habían enterado que se llevaría a cabo dicho operativo, aun cuando diferentes autoridades se empeñaron en negar que tal acción ocurriría.
Una vez desalojados y no reubicados los ambulantes, se inició la "intervención" de este emblemático parque ubicado en el corazón de la ciudad, cuya inversión oscilaría los 25 millones de pesos, misma que -coincide la ciudadanía-, no se percibe en qué se gastó tal cantidad de recursos públicos.
Después de haber sido despojados no sólo de su sitio de venta sino incluso de su mercancía y ser tratados como delincuentes, los comerciantes acudieron a las instancias legales para buscar revertir  la decisión arbitraria del edil capitalino, acciones que encontraron respuesta positiva cuando un Juez Federal les otorgó un amparo definitivo que obliga a las autoridades municipales a reinstalar a 99 de los comerciantes en cuestión, a lo cual (como era de esperarse), el alcalde no ha querido acatar dicho mandato judicial, y optó por mandar "al diablo" las instituciones.
Es verdad, la Alameda Hidalgo es un espació bello y simbólico que debe lucir libre y esplendoroso, no sólo para el ciudadano local, sino igual para el gran número de visitantes que a diario arriban a nuestra ciudad; sin embargo, el fondo de este asunto que ha terminado por generar otro problema, no es si regresan o no los comerciantes ambulantes, son las pésimas decisiones que ha venido tomando el alcalde Marcos Aguilar Vega prácticamente desde que se instaló en el Centro Cívico: mala planeación, poca o nula transparencia, acciones viscerales, falta de consenso,  y una seguidilla que lo ha desgastado significativamente en su figura y con ello, en sus aspiraciones políticas. 
Ojalá todo concluyera con su proyecto personal frustrado, lo malo es que cada pifia del alcalde, la terminamos pagando los ciudadanos, ya sea económicamente, o socialmente, peor aún... o en ambas...

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